Sábado, 25 Febrero 2017

"CHILA ES INMENSO. UN GROSO. NO SE DISCUTE"

Lunes, 13 de Febrero de 2017 19:42 Diario Infovelez
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Del archivo de Revista Infovelez rescatamos la nota al chino Zandoná que nos habla del Vélez de los 90, de José Luis Chilavert, la final con Milan, la piña a Edmundo, de Carlos Bianchi y el retiro como futbolista.

Llegado en diciembre de 1994, Flavio Gabriel “Chino” Zandona, fue artífice importante de cinco años con gloria en Liniers. Dueño de la banda derecha, su impronta de barrio y su garra en la cancha lo fueron convirtiendo en “apellido coreado” casi por obligación en cada jornada de fútbol. En la nota, desde Zárate su lugar en el mundo, nos recuerda su paso con la V Azulada y una época inigualable para Vélez Sársfield.

“Me tocó llegar a un club donde se hacían las cosas muy bien –época de la Integración con Héctor Gaudio como Presidente del club y Raúl Gamez en el fútbol-, en el que se cobraba con puntualidad, y donde la tranquilidad era un bien apreciado. Recuerdo que en cuanto me ofrecieron hacer el trueque con el “Gallego” González –que pasó a San Lorenzo-, ni lo dudé. Venía de un club con mala dirigencia y en que convivir era imposible. Para mi fue un cambio importante. Lo que más tuve en cuenta fue que me trataron como uno más desde el primer día. No me costó para nada adaptarme” revive de su llegada al conjunto dirigido por Carlos Bianchi.

- Cuanto de esa adaptación fue del técnico y cuanto de lo personal…

Bianchi tuvo mucho que ver. Desde mi punto de vista te digo como ejemplo que cuando jugaba en otros clubes nunca reparé en que era un defensor limitado. Lo mío era garra y poner todo en cada jugada. Con Carlos me di cuenta de mis limitaciones y de cómo aprovechar las virtudes y corregir los defectos. En Vélez estaba todo muy claro. Los que manejaban la pelota eran Bassedas (Christian) y Pompei (Roberto). Los demás estábamos para acompañar ese proceso. Lo único que me dijo Bianchi como instrucción fue que no me ganaran la espalda porque el equipo quedaba descompensado y en inferioridad numérica, y que cuando pudiera fuera hasta el fondo y tirara un buen centro.

- La simpleza misma…

Si. Nosotros salíamos a presionar al rival y aprovechar los dos tanques que había. Carlos siempre decía que un centro bien tirado, era medio gol. Creo que nosotros supimos asimilar ese concepto. Y más cuando comenzó a destacarse José Luis (Chilavert), con su pegada desde el arco. Muchos no saben como alivia la presión de un equipo el tener un arquero que sabe sacar del arco. Te da mucha ventaja y tranquilidad.

- Complicada la convivencia con José Luis…

Un groso. No se discute. Una mega estrella mundial. Obviamente que no es sencillo convivir con una persona así pero tampoco lo era en ese vestuario. Era un grupo de hombres que quería protagonismo, quedar en la historia grande del club y hacer algo importante con su carrera. Todos éramos personas con mucha personalidad. Pero Bianchi sabía manejarnos.

- ¿Llegaron más alto de lo imaginado? -

No tengo dudas. Yo creo que ni el más fanático de los hinchas de Vélez imaginaba que en seis años se iban a ganar 9 títulos y los dos más importantes a nivel internacional. Creo que en el fondo nosotros tampoco. Si pensábamos que podíamos ser protagonistas porque en esa época nos acostumbramos a serlo, y eso creo que es algo que se mantiene hoy con Gareca (Ricardo), pero no que podía ser un ciclo casi sin límites. Y cuando se fue Carlos vinieron otros técnicos y seguimos ganando. Eso es importante.

- Comentame desde tu punto de vista cual era la diferencia puntual entre Vélez y Milan en la final del mundo…

…Y…muchas. Recuerdo que cuando bajamos del avión bien vestidos como se hace en argentina. Equipo de primera de la marca (Umbro), zapatillas, bien. Pero ellos lo hicieron con trajes de marca importante de esos que valen miles de dólares, con chalecos en juego, con zapatos italianos, con bolsos de cuero y la actitud ganadora. Nos queríamos meter de vuelta al avión y volvernos. Ahí estábamos 3, 4 o 5 a cero. No había competencia. Eran de otro mundo. Pero después cuando esa impresión pasó, y comenzó la adaptación a la hora, al campo de juego, y a los botines.

- ¿Los botines? -

Si. Eran de un sponsor de la copa y de marca japonesa. Había que usarlos y no los conocíamos. Por eso el “negro” Gómez se dobló el tobillo y casi no juega. Hubo que infiltrarlo. De repente todo se complicó pero Carlos (Bianchi) nos tranquilizó y nos dijo que eran tan humanos como nosotros. También ayudó Chila que se le plantó al arquero Rossi y lo desafió. Ahí ya estábamos cero a cero. Después le ganamos bien. Sin discusión. Después de esa final todo era más sencillo. Más fácil en el fútbol.

- ¿Cuándo fue más difícil? –

…Y…cuando te retirás como futbolista. Eso. Lo más complicado fue ser un ex campeón del mundo. Pasás de hacer notas todos los días, de que te llamen a cada rato, a nada. Del cariño de la gente en todo momento, a un saludo lejano. Hay futbolistas que no saben lidiar con eso. Algunos me comentaron que no sabían que hacer con su vida. No tenían una familia, ni amigos cercanos. El fútbol te da mucho pero te quita también. Por eso yo me refugié en Zárate, y me dedique a los amigos, a pescar y estuve un tiempo dirigiendo acá. La llevo bien. Otros compañeros no tuvieron tanta suerte. Es duro.

- ¿Molesta que muchas veces se te recuerde por la trompada a Edmundo? -

Creo que hice algo más que eso. Pero lo tomo como parte del juego. Nosotros estábamos en un mal momento (inicio del preríodo de Marcelo Bielsa), jugábamos en brasil con Flamengo que nos ganaba bien por 3 a 0 y Edmundo en una jugada sin trascendencia empezó a mover la cola, y a provocar a todos nosotros. Más a mí que estaba cerca y tenía una mala noche. No sé. Pasaron muchos años. No digo que estuve bien porque la violencia no está bien, pero en ese momento, yo hice una descarga, una catarsis si te parece. No sé. No me siento orgulloso, pero no me arrepiento tampoco… (Risas)…

- Te diste el gusto de atajar en Vélez…

…(risas)…no que locura…fue contra Unión (En Liniers bajo la conducción de Eduardo Solari en 1998 por la octava fecha del Apertura). Íbamos 2 a 2 y Sánchez (Ángel), expulsó a Pablito Cavallero. Yo no quería pero en las prácticas me gustaba atajar a veces, y como no podíamos hacer más cambios, me tuve que poner el buzo y atajar cinco minutos. Menos mal que no me patearon, sino… (Risas)…

 

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