Viernes, 15 Diciembre 2017

TE AMO, TE ODIO, DAME MÁS

Lunes, 27 de Noviembre de 2017 22:31 Ruben David Oliva
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Una copia casi calcada de los partidos anteriores del fortín que mezcló las ganas, el juego pausado y la falta de eficacia en los últimos metros al momento de la definición. Algo vale decir. La iniciativa desde el minuto inicial al pitazo del árbitro, lo tuvo Vélez ¿Decisión del conjunto de Marcelo Gómez o táctica de un rival inteligente que decidió jugar cerca del arco propio?

Con 240 segundos jugados, el fortín encontró espacios libres y buen toque entre sus volantes. Habilitación de Matías Vargas, la manija del equipo, y definición a tres dedos desde la medialuna de Federico Andrada que contuvo con esfuerzo el arquero visitante. No fue la única situación de peligro. Más tarde, otro encuentro de Jonathan Cristaldo con el creador del fortín, terminó con un remate apenas por encima del travesaño de Vargas tras el pase del atacante.

Pese a manejar los tiempos del partido, no jugaba a su antojo. Por momentos, parecía que Olimpo, retrocediendo, conocía mejor las entrañas del encuentro. De hecho, el aurinegro que llegó en una sola ocasión, casi factura en un centro pasado desde la derecha que De Petris estrelló en el poste izquierdo con Cesar Rigamonti vencido.

Con esa pizca de atención, el cierre de la etapa inicial arrojó dudas a resolver para el complemento.

En la segunda mitad, Vélez decidió que debía ganar. Se descuidó un poco en la última línea pero adelantó sus fuerzas y pretendió liquidar el partido. Olimpo, que observó algunas dudas Velezanas, de a poco se animó. Creció el encuentro en emotividad, y el fortín se atrevió por los costados. Y tuvo la suerte necesaria. Esa esquiva situación que sirvió para abrir el cotejo en un tiro de esquina desde la derecha con Fabián Cubero anticipando en el borde el área chica y desviando la pelota por encima de la mirada del arquero Adrián Gabbarini.

Con el gol, llegó la tranquilidad de Vélez y los nervios de Olimpo. Esa jugada decisiva, cambió el partido. Llegaron los goles y la ventaja ampliada. El segundo en una pelota peleada por Gonzalo Bergessio que perdió en primera instancia y recuperó el balón para una media vuelta letal, cruzada de derecha a izquierda y dejando sin chances al uno aurinegro. Instantes luego, una corrida del ingresado –debut-, Francisco Ortega, habilitó a Bergessio quién bajo los palos convirtió el tercero.

Restaban 20 minutos y lo no imaginado en la primera etapa, decía presente. Ya con la tranquilidad del resultado, apareció la solidez. Tan necesitada durante el año. Y surgida en una finalísima a matar o morir. Por suerte, fue lo primero…

 

Por Rubén David Oliva

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