Viernes, 23 Febrero 2018

ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

Domingo, 28 de Enero de 2018 12:16 Nicolás Di Pasqua
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Vélez se trajo una victoria importantísima de Florencio Varela, a pesar de un pobre segundo tiempo donde lo físico marcó diferencias. Con ideas de juego nuevas y un semblante modificado, la era Heinze mostró síntomas para ilusionarse.

“Algunos suelen decir que no creen en el cielo... ve y díselo a aquel que vive en el infierno” rezaba “Some might say”, temazo de la enorme banda británica Oasis, incluido en el álbum (What’s the story) morning glory?

La frase bien podría definir el éxtasis poco pretensioso de esta victoria inicial del Vélez modelo 2018. Cuando uno se ubica en la crítica realidad actual de un equipo que arranca con urgencias, mide con otra vara cada movimiento. Es sencilla la euforia ante un buen resultado, pero la desesperación aparece rápidamente tras un revés inesperado. Del cielo al infierno hay un paso. Porque el cielo pasa a ser cualquier cosa que se ubique por encima del calor excesivo del miedo a descender. Un triunfo lo es todo. Son tres puntos. Es una diferencia mayor con los de abajo. Es un refrescante vaso de agua en el medio del desierto. Vélez recorrió años nefastos de marchas y contramarchas sin rumbo que lo depositaron en una situación preocupante respecto al descenso.

Esto no es casualidad. Con virtudes y defectos entrenadores de diversos estilos administraron miserias con un escaso nivel de audacia. Todos (excepto Marcelo Gómez) se preocuparon más por defender el arco propio que por atacar el ajeno. Personalmente no los culpo. Piloteaban en la tormenta una canoa enclenque reforzada con material vetusto y poco útil.

El round inicial de esta larga pelea que tiene nuestra prestigiosa historia en juego, nos dejó 45 minutos de una idea diferente. Una cara renovada con hombres preocupados por atacar territorio adversario. Un conjunto de intenciones que aún no llegan a ser realidades pero permitieron marcar diferencias cuando el rival se equivocó. Es mucho más sencillo sacar rédito de un error del rival si uno está cerca de su arco. También es más probable corregir un error propio con 40 metros de distancia entre la última línea y la propia portería. Lo destacable de este Vélez no es la evaluación general de la actuación. Es el potencial que uno intuye en las intenciones de juego y en la pesadez físicas de jugadores preparados para el largo plazo. Cuando Vélez afine el motor y sume las piezas que hoy no estuvieron, la historia da para la ilusión. Porque el equipo de Gabriel Heinze busca hacerse amigo del balón. Tiene formas comunes que necesitan tiempo pero demuestran un camino. Y más allá de la justicia o no del resultado, se nota convicción en lo que se está iniciando. Todos, con y sin piernas, se rompieron el c… por sostener la diferencia.

Hay síntomas. Prolijidad, cambios de lado permanentes buscando sorpresa, presión permanente entre la mitad de la cancha y tres cuartos, proporción interesante entre el juego corto y el largo. La intención es jugar muy allá para no sufrir más acá. También hay errores. Poca profundidad, falta de agilidad en la salida y grandes dudas en la última línea. Se sostuvo el triunfo por coraje. Por una destacable actuación del chico De La Fuente, por el ímpetu de Laso y por algunos destellos del mejor Torsiglieri. Pero la actuación de Rigamonti, incluso habiendo cometido algunos errores, fue determinante. Pero también lo fue un Vélez exhausto que necesita “ablandarse” pero promete volar.

En igualdad de condiciones y sin una gran actuación, Vélez era más cuando el cuerpo respondía. Lo que vino después puede preocupar hoy pero se agradecerá mañana. Es el costo del trabajo serio y planificado de un equipo técnico que arriesga en lo inmediato para llegar bien al final. Primera prueba aprobada. Con lo bueno y lo malo se ganó la primera final. Ahora viene una clave en San Martín. Una vez más el resultado será fundamental para seguir construyendo con tranquilidad un plan que ilusiona. ¿Qué esto no es el cielo? Veamos de donde venimos.

 

Por Nicolás Di Pasqua

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Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva