Viernes, 23 Febrero 2018

LA AUDACIA MERECE ESPERANZA

Jueves, 08 de Febrero de 2018 06:37 Nicolás Di Pasqua
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La dura caída en San Martín sumada a un pobre segundo tiempo ante Defensa y Justicia, genera críticas airadas de parte del preocupado hincha de Vélez. Sin embargo se observan pretensiones interesantes, basadas en la mentalidad de un entrenador que corre riesgos y mide rendimientos con autocrítica

Las urgencias son grandes en el presente futbolístico de nuestro querido Vélez Sarsfield. No hay dudas del caro precio de la derrota del último lunes, en un partido que podía marcar una gran bocanada de aire si el equipo hubiera obtenido un triunfo. Los resultados ajenos, que en cierto modo nos mantienen a flote a pesar del traspié, nos daban la oportunidad de saltar por encima de Huracán y de hundir más a Chacarita Juniors, quizá el adversario de más cuidado por su diferencia en el cálculo del promedio.

Existen varias aristas para analizar tras el resultado adverso. Algunas incluso alcanzan al primer acto de la flamante etapa de Gabriel Heinze al frente del equipo. Hubo deficiencias comunes en ambos partidos pero también diferencias sustanciales, para bien y para mal, entre un partido y el otro. Se observaron sin embargo escasos síntomas positivos repetitivos entre la tarde de Florencio Varela y el atardecer de San Martín.

Como quien se quema con leche ve una vaca y llora, tras la pobre actuación velezana, la actuación de Heinze en la conformación del equipo ya es comparada con las de entrenadores anteriores. Se habla de falta de capacidad, catalogando con la misma reputación a Christian Bassedas, a Omar De Felippe y a Miguel Ángel Russo con una facilidad asombrosa e injusta. Ninguno de ellos aportó lo mismo que el otro, ni debe ser observado con la misma lupa dado que afrontaron momentos distintos, contaron con diferentes grado de apoyo de parte de la dirigencia del club, administraron recursos distintos y obtuvieron resultados -no a nivel resultados sino en lo que dejaron para el futuro- bastante diversos.

Parece increíble que tras dos partidos, y aun con las urgencias a cuestas, se evalúe a Heinze con la vara crítica del pasado. A nivel táctico ya es notorio que el entrenador trae consigo ideas adecuadas a las modificaciones que ha sufrido el fútbol en los últimos años. Vélez intenta jugar un futbol dinámico y moderno. Claramente no lo logra. Le falta coordinación y cohesión a lo largo y a lo ancho del campo. Sufre allí donde debería lastimar y no logra generar desequilibrio en los sectores donde necesita hacerlo. Pero expone intenciones claras de lo que pretende.

Es claro que con el descenso detrás de los talones la paciencia se agota pronto. También es cierto que 135 de los 180 minutos que disputó Vélez en 2018, dan lugar para replantearse varias cuestiones. Pero también hay realidades ineludibles. El equipo está en construcción e intenta contrarreloj conocerse entre sí -hubo seis refuerzos en el equipo titular e ingresaron dos jugadores de reciente llegada en la segunda mitad- mientras trata de ajustarse a la idea general que plantea el entrenador. Con este trabajo a cuestas también carga sobre sus espaldas la pesada mochila de lo que se está jugando.

El tiempo es tirano y las comparaciones también. La lejana y reducida etapa de Marcelo Bielsa como entrenador velezano, tan felizmente recordada por hincha de Vélez al día de hoy, comenzó con una fuerte resistencia del público -y también de un plantel de enorme jerarquía- mientras los cambios tácticos no cuajaban en la búsqueda de un equipo campeón. Lógicamente Heinze no es Bielsa. El tiempo dirá hasta donde llega su carrera. Tampoco este plantel tiene la enorme grandeza de aquel. Pero cuando hay una idea y en ella aparece la construcción por encima de la destrucción, el tiempo de trabajo es vital para obtener rendimientos acordes a lo esperado.

El intento de salida clara. De afinar un motor de juego entre el mediocampo y tres cuartos. La apuesta por generar espacios en el área para el arribo de los extremos y de un Mauro Zárate mas creador y definidor que finalizador. La clara intención de jugar la mayor cantidad de tiempo posible en campo adversario. La preferencia por conservar la pelota y mantener al equipo en pocos metros. Todas son pretensiones de un entrenador que arriesga y que luego de una mala tarde no se esconde detrás de la excusa y analiza una a una las deficiencias delante de quien quiera escucharlo.

Por ello tengo fe en este proceso. Creo que la mediocridad general nos va a dar el tiempo suficiente para convertir intenciones en realidades y alcanzar el objetivo de conservar la categoría. Probablemente los nervios se nos crisparán más de una vez en lo inmediato del camino. Pero estoy convencido que estamos en buenas manos y que a mediano plazo comenzaremos a recoger frutos de este período de prueba en competencia. No pido paciencia porque entiendo las dificultades. Pero observemos detalladamente a que se apunta. Se vislumbra en Heinze un entrenador audaz y decidido. Un tipo que cree en la mejora continua e incluso en que lo que se hizo bien puede ser mejorado. Y a la audacia hay que premiarla con cierto grado de esperanza.

 

Por Nicolás Di Pasqua

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Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva