Lunes, 23 Abril 2018

EL DÍA QUE NO COMETA ERRORES...

Martes, 17 de Abril de 2018 01:28 Ruben David Oliva
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Los fantasmas de Vélez son más importantes que los propios deseos. Complican, transforman lo que parecía bueno en un final con dudas y silencio. Nuevamente, el fortín complicó su panorama en el torneo -pese al descenso de Chacarita Juniors- y continúa la racha de no victorias.

El extraño caso de Gabriel Heinze en la conducción técnica, nos hace pensar en el futuro próximo ¿estaremos a la altura de la circunstancia? ¿Sabremos escapar del apremio con serenidad y eficacia? Preguntas que deberá responder el técnico y la dirigencia, no olvidando, que el camino para salir de la zona comprometida, nace en el mercado de pases de junio.


Retrotrayéndonos al fútbol, estuvo cerca el fortín. Hubiese sido una hazaña. Vencer a uno de los candidatos al título con inferioridad de jerarquía en cancha. Empezó con buen pie, jugando con tranquilidad y provocando errores en el rival. Apareció Matías Vargas, y los siguieron Mauro Zárate y Rodrigo Salinas para evidenciar una mejoría con respecto a partidos anteriores. En los primeros minutos se convenció de poder ganarle a San Lorenzo. Pero en el camino como siempre, aparecieron las dudas los errores, esta vez del arquero, acompañado en el desorden con la defensa y lo que imaginamos como festejo, terminó en igualdad con muchas preguntas por delante.


Los primeros 45 minutos entregaron lo mejor del fortín. Como es habitual, corrió más, mejor, dispuso del balón, de las ideas y hasta de la ventaja. Esa que llegó tras un par de insinuaciones y la certeza de Mauro Zárate para capitalizar con una media vuelta genial, lo que se insinuaba en la cancha. Eran momentos de tranquilidad. Vélez amagaba con definir rápidamente, en cada contraataque o en cada acción de acercamiento. Pero lejos estuvo. Especialmente durante la segunda mitad. Por qué existió el consabido bajón físico, entraron las dudas y volvieron los errores defensivos. Hasta se complicó la cosa tras una molestia de Mauro que debió salir del campo.

 

Con varios juveniles en cancha, al fortín le faltaba experiencia para administrar los tiempos. Y en eso, San Lorenzo es un equipo acostumbrado. Se hizo del balón, del terreno, de las intenciones y del fútbol. Poco a poco fue cambiando su rostro y con ello, igualó y luego se aventajó en el marcador. No sin la inestimable ayuda de una defensa Fortinera que titubeaba y de un arquero contagiado al hacer mal las cosas.


Sobre el final, la heroica. A la carga barraca, como en otros tiempos, llegó la igualdad por Matías Vargas, como tantas otras veces, el autor de una arremetida mortal y del desahogo. Fue igualdad. Pudo ser mejor. Lo será, cuando Vélez aprenda a “sobrevivir” sus propios problemas…

 

Por Rubén David Oliva

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Propietario Periodismo del Tercer Milenio |  Director Rubén David Oliva